VIPEZ OMEGA3 - Laboratorio LANDASUR

Deporte y Salud


  • Acidos Grasos Omega-3 en las lesiones deportivas
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Existen dos acidos grasos poliinsaturdos  que el organismo no puede sintetizar, el ácido linoleico (AL) y el ácido alfa linolénico (ALN), que deben obtenerse de la dieta y se les conoce como ácidos grasos esenciales . Los AGPI n-6 derivan del LA, ampliamente distribuido en las plantas, principalmente en los aceites de semillas vegetales como el maíz, girasol y soja. Es precursor del ácido araquidónico(AA) sintetizado en los mamíferos, y por lo tanto, presente en los alimentos de origen animal. Por otro lado, los AGPI de la serie n-3 derivan del LNA, que es predominante en plantas de hoja verde oscuro y en los aceites de semillas de lino, colza, nueces y grosella y en la soja. A partir de éste último se sintetizan los ácidos eicosapentaenoico (EPA, 20:5 n-3) y docosahexaenoico (DHA, 22:6 n-3), que también pueden ser ingeridos a través de la dieta. Los animales que viven en el fondo del mar, al igual que las algas y el plancton marino, son ricos en estos AGPI n-3.

Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 (AGPICL ω-3) como el ácido eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA) se encuentran en cantidades importantes en los pescados grasos (atún, jurel y salmón) y especialmente en el aceite obtenido de estas especies, el cual actualmente se utiliza como suplemento nutricional. Tanto el EPA como el DHA, luego de ser ingeridos, se incorporan rápidamente a los fosfolípidos de las membranas celulares donde pueden ser liberados por enzimas lipooxigenasas y ciclooxigenasas, originando productos con potentes propiedades citoprotectoras y especialmente antiinflamatorias. La evidencia clínica y epidemiológica de múltiples estudios permite establecer que el consumo de EPA y DHA puede contribuir a la prevención y/o tratamiento de una serie de patologías, especialmente aquellas donde la inflamación juega un papel preponderante en su desarrollo. El EPA y el DHA presentan propiedades antiinflamatorias, vía la generación ya sea de agentes anti-inflamatorios, como las resolvinas, o a través del bloqueo de agentes pro-inflamatorios.
A lo largo del proceso evolutivo, el ser humano incluía en su dieta cantidades iguales de ácidos grasos omega–3 y omega–6, sin embargo esta relación ha ido cambiando y con la dieta actual la relación entre los omega 6 y 3 llega hasta niveles de 10:1 hasta de 20:1, en lugar del recomendado 1:1.
Si bien los omega–6 son ácidos grasos también importantes para el organismo, en cantidades inadecuadas contribuyen a los procesos inflamatorios y de agregación plaquetaria que conllevarían a las enfermedades cardiovasculares.

Entre los efectos beneficiosos para la salud del omega – 3 tenemos:

  • Disminución de la tasa de producción de triglicéridos en el hígado.
  • Prevención de la formación de placas en las arterias, disminuyendo así el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.
  • Reparación del daño ocasionado por la falta de oxígeno en los tejidos corporales.
  • Disminución de la presión sanguínea.

Cuando se realiza actividad física, especialmente de alta intensidad y/o duración, el cuerpo es sometido a diferentes procesos. Quizá algunos de los que causan más preocupación entre los deportistas son los procesos inflamatorios y oxidativos, ya que estos ocasionan daño celular, posibles lesiones, disminución del rendimiento, etc. También se llegan a experimentar efectos que van más allá del nivel físico o muscular, ya que cuando el ejercicio es intenso y/o de larga duración, ocurre un agotamiento a nivel neurológico, lo cual es también un punto en contra si se busca llegar al máximo rendimiento.

Los ácidos grasos omega–3 son convertidos en el organismo en unas sustancias llamadas prostaglandinas que tienen un efecto antiinflamatorio, pues inhiben la producción de mediadores inflamatorios. Esto, traducido a la práctica deportiva, significa un menor riesgo de lesiones y menores tiempos de recuperación.

El efecto negativo del proceso de oxidación es ejercido sobre las membranas celulares ya que estas son dañadas por los radicales libres generados. Si bien el omega–3 no es propiamente un antioxidante (ya que no ataca directamente a los radicales libres), sí actúa sobre las membranas celulares, brindándoles mayor estabilidad y resistencia frente a estos agentes nocivos.
El consumo regular de omega–3 ha demostrado también mejorar la eficiencia del sistema nervioso central, especialmente en lo que se refiere al tiempo de reacción y al estado de ánimo, disminuyendo también la ansiedad asociada a los eventos deportivos.
Finalmente, estudios han demostrado también que tendrían un efecto positivo en la función pulmonar en personas que realizan actividad física, además de disminuir los síntomas del asma inducida por el ejercicio en personas que la padecen.
El consumo de omega–3 representa un potente aliado para quienes buscan los máximos beneficios del entrenamiento deportivo.

Otras propiedades beneficiosas de los Omega-3 incluyen la disminución de triglicéridos plasmáticos y de la agregación plaquetaria, así como un cambio en el equilibrio en el balance de eicosanoides a favor de los vasodilatadores. Además, reducen la excitación de los miocitos y la presión arterial en respuesta a estímulos hormonales.
Los ácidos grasos ingeridos deben llegar a las membranas y lugares donde se ejercen las acciones fisiológicas.

Los ácidos grasos (AG) procedentes de tejido adiposo o de las lipoproteínas tras ser ingeridos en la alimentación, cruzan la membrana plasmática ayudados
por un transportador (FAT), pueden dirigirse a sintetizar triacilgliceroles o pueden sufrir la acción de elongasas, desaturasas o participar en la obtención de energía o en la síntesis de prostaglandinas, tromboxanos o leucotrienos. Finalmente, el AG modula (positiva o negativamente) la transcripción de un gen sensible, codificando una proteína involucrada en el transporte o metabolismo del AG.  Modifican las concentraciones de prostaglandinas, tromboxanos y leucotrienos causantes de la inflamación.

En otros estudios, el consumo de aceite de pescado parece reducir la broncoconstricción
inducida por el esfuerzo aerobio intenso en deportistas de elite.
Otras investigaciones dan a conocer los efectos antiinflamatorios e inmunoreguladores de los Omega3, así como los efectos cardiosaludables.

Los requerimientos diarios de Omega3 son de 350-400 mg/d (0,4% de las Kcal totales), las cantidades de EPA y DHA terapéuticas sólo se pueden conseguir mediante la suplementación, en razón de 2 g/día de ácido docosahexanoico (DHA) Recordemos que en el ser humano está limitado el paso de ácido alfalinolénico (ALA) a EPA (D-6-desaturasa), de modo que tomar ALA conlleva sólo un pequeño incremento de EPA y ninguno de DHA.

Para conseguir alcanzar las dosis que se han empleado con éxito en los distintos trabajos de investigación evaluados, hay que ingerir cápsulas de aceite de pescado rico en ácidos eicosapentanoico y docosahexanoico, ya que la simple ingesta de pescados en la alimentación no llega a los valores necesarios para modificar la expresión génica.

Beneficios potenciales de los acidos grasos omega-3 en el rendimiento deportivo:

  • Mejor suministro de oxigeno y nutrientes a los músculos y otros tejidos debido a la reducción de la viscosidad de la sangre.
  • Mejor metabolismo aerobico debido al suministro reforzado de oxigeno a las células.
  • Mejor liberación de somatotropina (hormona de crecimiento) en respuesta a los estimulos normales, tales como ejercicio, sueño y hambre, que pueden tener un efecto anabólico  y/o mejorar el tiempo de recuperación después del ejercicio.
  • Reducción de la inflamación causada por la fatiga muscular y el sobreesfuerzo, que puede mejorar el tiempo de recuperación después del ejercicio.
  • Posible prevención de inflamación de los tejidos.

Bibliografia:

  • Dan Bernadot. “Nutricion para deportistas de alto nivel” 2001, 38-42.
  • J. Villegas. M. Martinez. F. Lopez. Cátedra de fisiología del ejercicio Universidad Católica de Murcia. Ácidos grasos omega-3 en las lesiones  deportivas, ¿una posible ayuda terapéutica? Archivos de medicina del deporte 2005 22(105): 39-44.
  • B. Tartibian, B.H. Maleki, A. Abbasi. “The effects of omega-3 supplementation on pulmonary function of young wrestlers during intensive training”. Journal of Science and

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