VIPEZ OMEGA3 - Laboratorio LANDASUR

Nutrición


  • Nutrición y Desarrollo Cerebral
El desarrollo del cerebro es un proceso complejo y de alta especialización porque se encarga de recibir señales de diferentes órganos, integrarlas y emitir una respuesta. Con esta dinámica asegura las funciones de control del organismo y controla las actividades rápidas. El sistema nervioso. El sistema nervioso es el único que puede llevar a cabo el control de las reacciones más complejas.

Las fases del crecimiento cerebral son:

 

  • • Organogénesis.
  • • Multiplicación celular: en primer lugar ocurre en las neuronas del cerebro, posteriormente en el cerebelo y por ultimo en las células del hipocampo.
    • Organización celular.
    • Desarrollo dendrítico. 
    • Mielinización.
Impulso de crecimiento cerebral: Esta determinado por la organización celular, desarrollo dendrítico y la mielinización. Este periodo inicia en la gestación y se completa en la etapa post-natal, hacia los 2 años y medio de edad, requiriendo para su completo desarrollo los estímulos externos.
Vulnerabilidad Cerebral: Cuando se presenta desnutrición severa en un adulto, el cerebro permanece intacto en cuanto a su peso y composición. En el caso de los niños, es diferente: la desnutrición en los primeros 2 años de vida es capaz de ocasionar deficiencias y distorsiones. Deficiencias se refiere a las disminuciones del número de células y de sinapsis, pueden ser permanentes y ocasionar lesiones irreversibles. En la distorsión la alteración se presenta en determinado tipo de neuronas.

Los niños subalimentados y desnutridos tienen disminución de las aptitudes, especialmente cuando la desnutrición se presenta en la primera infancia. Además el retraso del impulso cerebral no se puede recuperar, inclusive después de una mejoría en el estado nutricional. Por lo tanto el desarrollo del cerebro y su buen funcionamiento no solo van a depender de un adecuado suministro de oxigeno sino también de una buena nutrición. Los lípidos son fundamentales en el desarrollo de sinapsis y de receptores.

Los ácidos grasos esenciales son linoleico (omega 6) y linolenico (omega 3). Estas sustancias dan origen a otros ácidos grasos polinsaturados de cadenas mas largas por intermedio de enzimas que se encuentran en el hígado del niño. A partir del linoleico se obtiene el acido araquidonico (AA) y el precursor del acido docosahexanoico (DHA) es el acido linolenico. Son sustancias necesarias en la síntesis de membrana celular, especialmente a nivel del cerebro, de la retina y de la sustancia gris cerebral. Estos ácidos grasos le confieren la propiedad de plasticidad sináptica y a su vez son determinantes de la celularidad, sinaptogenesis y mielogenesis.

El deposito de estos ácidos grasos polinsaturados en el cerebro ocurre hacia el tercer trimestre de la gestación, acumulando aproximadamente 14.5 mg de DHA por semana.

Por lo tanto ambos ácidos grasos polinsaturados omega 6 y omega 3 son fundamentales en la formación de la estructura y la funcionalidad del sistema nervioso y visual de los humanos. Ambos ácidos grasos constituyen mas del 30%de la estructura lipidica del cerebro y de los conos y bastoncitos de la retina. Se estima que la función de estos ácidos grasos es aportar un alto grado de fluidez a las membranas celulares, permitiendo el movimiento de proteínas en su superficie y dentro de la bicapa lipidica. 

Actualmente se estima que el feto, durante el ultimo trimestre de gestación y el recién nacido, durante los primeros 6 meses de vida, requieren de un gran aporte de acido araquidonico y de acido docosahexaenoico, debido a que la velocidad de transformación de los precursores a nivel hepático no es suficiente para cubrir los requerimientos metabólicos de estos ácidos grasos. Es la madre quien los aporta a través del transporte placentario durante la gestación y a través de la leche durante la lactancia. Este aporte proviene de las reservas tisulares de la madre, de su actividad biosintética y del aporte nutricional de los ácidos grasos precursores. De esta forma, si la madre recibe una alimentación con un aporte adecuado de ácidos grasos y con una relación omega 6/ omega 3 adecuada, podrá aportar los requerimientos necesarios para un buen desarrollo de su hijo. Hay situaciones que pueden alterar este aporte, como lo son: una nutrición inadecuada, el consumo de grasas y aceites con alta proporción de omega 6 y muy aporte de omega 3 (muy común en nuestro medio), embarazos muy frecuentes y un embarazo múltiple, las cuales pueden disminuir considerablemente las reservas de ácidos grasos polinsaturados. Nutricionalmente el Acido Linoleico es mucho más abundante que el Acido Linolenico, por lo cual el riesgo de déficit de DHA es mayor que el riesgo de déficit de AA. El DHA puede obtenerse a partir del consumo de productos del mar (pescados, mariscos), sin embargo es conocido el bajo consumo de estos productos en nuestro país, por lo cual es altamente recomendable la suplementación de la dieta de la madre con DHA. 

PARTICIPACION DE LOS ACIDOS GRASOS POLINSATURADOS EN LA ESTRUCTURA Y FUNCION DEL SISTEMA NERVIOSO Y VISUAL. 

El AA y el DHA ejercen sus funciones metabólicas formando parte de la estructura de los fosfolipidos de las membranas celulares, particularmente de la fosfatidilcolina, la fosfatidiletanolamina y la fosfatidilserina. Por su alto grado de polinsaturación, estos ácidos grasos le aportan gran fluidez a las membranas en cuya formación participan estos fosfolipidos. Esta fluidez es esencial para que las proteínas de la membrana (canales iónicos, receptores, uniones comunicantes, receptores catalíticos, enzimas, estructuras formadoras de vesículas, etc.) puedan tener la movilidad que requieran sus funciones, ya sea en la superficie de las membranas, o en el interior de la bicapa lípidica. En la formación del tejido nervioso, y particularmente del cerebro, la fluidez de las membranas es particularmente importante. Los ácidos grasos AA y DHA se concentran particularmente en los conos de crecimiento axonal y en 

Las vesículas sinápticas por lo cual tiene gran relevancia en la formación y propagación del impulso eléctrico y en la movilización de las vesículas que contienen los neurotransmisores.
Algo similar ocurre en la formación del tejido visual, el cual es una derivación del sistema nervioso. Las membranas externas de los conos y bastoncitos de la retina acumulan gran cantidad de ácidos grasos polinstaurados, especialmente DHA. La fluidez de estas membranas es esencial para el proceso de transducción de la señal lumínica y su conversión en una señal eléctrica, la que posteriormente es procesada por el cerebro. Los fotoreceptores están concentrados en las membranas externas de los conos y de los bastoncitos y al recibir una señal luminosa, en la forma de fotones, se movilizan a través de la membrana, modificando la concentración de GMP cíclico. La disminución de la concentración de GMP cíclico estimula el cierre de los canales de Na, produciendo una hiperpolarización de la membrana, lo que genera el impulso eléctrico que se envía al cerebro. Aquí nuevamente la fluidez de las membranas es esencial para que ocurra el fenómeno de transducción dela señal y para adquirir esta fluidez es fundamental que los fosfolipidos presenten una alta concentración de DHA.

Se han observado alteraciones en la funcionalidad de estos tejidos en lactantes y niños que no han recibido un aporte adecuado de ácidos grasos omega-3 durante la gestación y en los primeros meses de vida. Estudios realizados muestran que existe una relación directa entre los niveles de ácidos grasos polinsaturados medidos en lo eritrocitos y en el plasma, y la agudeza visual y la respuesta a potenciales evocados en los lactantes. Del mismo modo los mayores niveles de estos ácidos grasos medidos en los lactantes se correlacionan con una mayor capacidad de aprendizaje y concentración, evaluados mediante test específicos aplicados meses después de finalizada la lactancia.

 

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